miércoles, 16 de julio de 2014

¿Cómo justificar tus decisiones de traducción en un Trabajo Final de Grado?

Como quizá algunos habéis leído en mi presentación, este año finalicé el grado de Traducción e Interpretación. Del mismo modo, también presenté mi TFG bajo el título de “Traducción de fragmentos humorísticos de dos videojuegos”. Aunque es probable que un día acabe hablando de él (en concreto de todos los conocimientos que obtuve acerca del campo de la traducción del humor y la localización), lo que hoy pretendo es allanar el camino a todos aquellos estudiantes de traducción que a pesar de estar sobradamente dotados para desempeñar una excelente traducción en su TFG, se encuentran con más de un problema a la hora de justificar por qué han optado por una opción u otra. Y creedme, bien porque la nuestra es una carrera muy práctica o bien porque la teoría de la traducción se suele explicar durante los primeros años, los hay a montones.

Mi intención, lejos de remontarme a la monotonía puramente teórica, es presentaros una lista de técnicas y errores de traducción que saquen de un apuro a todo aquel que no sepa adónde acudir para justificar su trabajo práctico. Si habéis cursado o estáis cursando estudios de traducción, recordaréis en mayor o en menor medida su contenido, puesto que es altamente probable que algún profesor se refiriera a alguna de estas técnicas durante el primer o segundo año al intentar meteros en la cabeza que era preferible optar por “acoso escolar” en vez de por “bullying”.

Sin más dilación, os presento la lista de Amparo Hurtado con la que justifiqué las elecciones tomadas en la parte práctica. Aunque es cierto que existen otras listas similares, la mayoría coinciden en contenido o, al menos, son muy similares. Aunque a mí esta me funcionó genial, os animo a escoger una lista con la que os hayáis topado durante la realización del grado, puesto que si por algún casual, ya en plena ponencia ante el tribunal, os preguntaran el porqué de la elección, tan solo tendríais que replicar con la respuesta perfecta: tal profesor la utilizó en asignatura. De este modo, en un trabajo en el que uno de los máximos preceptos consiste en aplicar conocimientos adquiridos durante los cuatro años de carrera, demostráis que habéis sido suficientemente audaces como para rescatar recursos utilizados durante su transcurso que, además, son valorados por el claustro de profesores.

Tras explicaros por qué es recomendable su uso, me dispongo a mostraros cómo emplear estas famosas listas, pues, tal y como he mencionado arriba, esta constituye una tarea muy farragosa para más de un futuro traductor. En caso de que hayáis optado por la traducción de un proyecto inédito, solamente podréis justificar el porqué de una elección u otra desde vuestro punto de vista. En cambio, si os habéis embarcado en un proyecto que ya estaba previamente traducido (ya sea por un profesional o por un aficionado), además de justificar en primera instancia por qué habéis optado por una opción u otra, también tendréis la posibilidad de contrastar vuestras elecciones con las del primer traductor. ¡Cuidado! Esto no quiere decir que pretendamos desacreditar a la persona a cargo de la primera traducción, sino que, por el contrario, intentamos mejorar o justificar por qué creemos que otra solución habría resultado más atractiva.

A continuación os presento un ejemplo de justificación y uno de comparación de mi TFG que podéis tomar como modelo:

1) Justificación sin comparación

Muestra de un caso en mi TFG

Tal y como podéis apreciar, si detectáis algún cambio significativo entre el texto de partida y el texto meta, es probable que, sin haberos parado a pensar, hayáis aplicado una técnica de traducción. Si consultamos la lista que os he propuesto, coincidiréis conmigo en que aquí hay un caso de compensación. De esta manera, el siguiente paso para demostrar que sabemos de lo que hablamos será explicar en qué consiste esta técnica y, luego, hacer visible que esta se ha aplicado en los elementos analizados.

2) Justificación con comparación

Segunda muestra de un caso en mi TFG

En esta ocasión, como en el caso anterior, también se aprecia una justificación, sin embargo, ahora también nos servimos de la comparación. En primer lugar desvelamos a qué técnica ha recurrido el traductor original y seguidamente determinamos cuál hemos utilizado nosotros. Tras demostrar que somos capaces de explicar en qué consisten las técnicas y relacionarlas con los elementos analizados tal y como ha sucedido en el primer caso, tan solo nos queda convencer a nuestros lectores de por qué resultaría más efectiva (o no) nuestra traducción. Cabe destacar que el apartado de errores de traducción presentado en el documento inicial puede resultar de gran utilidad para identificar incongruencias traductológicas tal y como ha sucedido en el ejemplo presentado.
Antes de dar por finalizada esta entrada, añadiré un glosario en inglés en el que se aclaran conceptos traductológicos y en el que aparecen varias técnicas sobre las que he hablado hoy que podéis tomar a fin de complementar la primera lista.

¡Nada más por hoy! Estimados futuros traductores, espero que esta entrada os haya ayudado a solventar o, al menos, a arrojar un poco de luz sobre cómo afrontar uno de los apartados más importantes, sino el más importante, del apoteósico titán que supone la confección del trabajo final durante el último curso de Traducción e Interpretación.

martes, 1 de julio de 2014

Entrevista a Gemma Rovira, traductora de Rothfuss en España | La historia de Kvothe

La traducción literaria es, sin duda alguna, uno de los campos de la traducción con los que es más complejo trabajar. No solamente por la incesable cantidad de referentes lingüísticos con los que el traductor tiene que lidiar, sino por otros referentes de carácter extralingüístico cuya importancia en una obra puede ser crucial.

Portada de El nombre del viento

Poemas, canciones, acertijos... todos tienen cabida en los libros El nombre del viento y El temor de un hombre sabio del estadounidense Patrick Rothfuss. La concisión del autor a la hora de emplear una palabra determinada u otra es tal y tan detallada que, a no ser que los traductores encargados estuviesen totalmente enfrascados en la historia que se narra, habría sido increíblemente sencillo cometer un pequeño desliz. De hecho, imaginaos cuán ardua y compleja debieron de ser algunos de los escollos traductológicos para que Gemma Rovira —traductora de ambas entregas al español— nos revele que los traductores de las obras de Rothfuss estuvieron continuamente en contacto con él a través de un foro a fin de resolver las dudas que surgían a lo largo de la traducción.

Portada de El temor de un hombre sabioEsta relación tan cercana entre escritor y traductor no es algo que me sorprenda, puesto que aquellos que habéis leído los libros sabréis de la ingente cantidad de personajes, topónimos, linajes e incluso elementos gastronómicos que aparecen en ellos. Por fortuna, a medida que se va desmenuzando el adictivo contenido de la lectura, se tardan muy pocas páginas en darse cuenta de que Gemma Rovira completó un trabajo sensacional al dar respuesta a todas las adversidades arriba mencionadas y al trasladar el inconfundible estilo de Rothfuss.

Os dejo con la interesante entrevista realizada por la página oficial de los libros a Gemma Rovira.